Opinión de Los renglones torcidos de Dios

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Fotografía de Lucía 8

Intrigante hasta el último minuto.

Acabo de cerrar hace medio minuto el libro, por última vez.

La sensación que experimento ahora mismo es la dar vueltas y más vueltas al libro, mientras miro sus tapas duras, lo huelo y pienso en lo mucho que me ha gustado y en la pena que siento al no tener otras 300 páginas que leer.

Me pasa con muchos libros. Los miro, los remiro y recuerdo partes con cariño y hasta con risa o lágrimas.

Este especialmente me ha enganchado desde la primera página. Alice Gould no solo es capaz de conquistar a todos los médicos, enfermeros y enfermos mentales del manicomio en el que se encuentra y hacerles dudar de si sufre o no una paranoia, es capaz de haberme mantenido en vilo durante una semana debatiéndome, cual personaje, todos los aspectos de su extraña personalidad.

Hasta casi el final del libro, el autor, en muchas ocasiones brillante en su manera de entretejer los hilos, no te da ni el mayor aliento de pensar con claridad como se desarrollará un final tan esperado por mi como a la par incierto.

La duda se hace patente en la mayor parte de la lectura. Yo he pasado días pensando que Alice sufría Paranoia y días pensando en que estaba sana y todo había sido una estafa. No he descubierto el pastel hasta las diez últimas páginas, las cuales he devorado a placer.

Recomiendo este libro, no sólo por lo entretenido sino también por hablar de un tema, que a algunos, por fortuna, no nos toca de cerca y que el autor, con mucho acierto, nos lo presenta de una manera amena, humana y en varias ocasiones entrañable.

Tal y como explicaba una de las primeras críticas en está página, no es difícil encontrarse a uno mismo imaginando la delgada linea que existe entre la realidad y la ficción. Inquietante.

** Una de mis partes favoritas:

pág. 68. Alice habla por primera vez con el doctor Arellano

- ¿Qué piensa usted de las artes?

- El arte es la ciencia de lo inútil.

El médico frunció la frente sorprendido. Aquella respuesta no cuadraba con la personalidad que había creído adivinar a su paciente.

- ¿Quiere decir que desprecia usted las artes; que las considera algo trivial, y a quienes las practican gentes desocupadas que no tienen otra cosa mejor que hacer?

- ¡Nada de eso, doctor! ¡ Considero que el arte es tanto más sublime cuanto mayor es su inutilidad!

- Explíquese mejor.

- El hombre es el único animal que se crea necesidades que nada tienen que ver con la subsistencia del individuo ni con la reproducción de la especie. No le basta comer para alimentarse, sino que condimenta los alimentos, de modo que añadan placer a su necesidad. No le basta vestirse para abrigarse, sino que añade, a esta función tan elemental, la exigencia de confeccionar su ropa con determinadas formas y colores. No se contenta con cobijarse, sino que construye edificios con lineas armoniosas y caprichosas que exceden de su necesidad: lo cual no ocurre con la guarida del zorro, la madriguera del conejo o el nido de la cigüeña. ¿Hay algo más inútil que la corbata que lleva puesta? ¿De qué sirve al estómago una salsa cumberland o un chateaubriand a la périgord? ¿Qué añade al cobijo del hombre el friso de escayola o las tres orlas en forma de signos de interrogación de los hierros que sostienen un pasamanos? Pues bien: todo eso que está inútilmente ...¡ya es arte! La gastronomía, la hoy llamada alta costura y la decoración son las tres primeras artes creadas por nuestra especie, porque representan excesos inútiles añadidos a las necesidades primarias de comer, abrigarse y guarecerse.

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Comentarios sobre esta opinion (2)

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Fotografía de Nieves

Recuerdo de esa obra su habilidad para jugar con el lector como un gato con ratoncillo bobo. Es cierto que te pasas todo el tiempo cambiando de opinión sobre la personalidad de la protagonista y convenciéndote de que ahora sí has descubierto la verdad definitivamente. Pero vuelves a pensar otra cosa cada vez que al autor le da la gana.

Hace tanto tiempo que la leí que ya no puedo juzgar su calidad literaria, pero ese mensaje - quizá no demasiado consciente - de que todo es relativo, de que la verdad pende de un hilo muy delgado y esa facilidad para el engaño literario me parecen dos cualidades a destacar.

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Fotografía de Ignatius

Pues despues de leer tu estupendo comentario me apunto este libro y mi larga lista de libros pendientes.

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